El entorno o estilo de vida en el que nos encontramos, el ritmo de vida acelerado que nos hace disponer de poco tiempo para dedicar a la comida y cocina, la presencia de productos procesados, alto nivel de estrés, baja actividad física, la presencia de mitos que giran en torno a la alimentación que, si este alimento es bueno, este malo, este lo puedes comer y este no, la cultura de la dieta que se basa en creencias que muestran que el estar delgado es sinónimo de salud, es valioso y algo deseable y nos llevan ir de dietas en dieta, a buscar conductas restrictivas o compensatorias para bajar de peso, controlar, mejorar los cuerpos y alcanzar así un “estado superior y mejor”, entre otros factores nos alejan de un patrón de hábitos saludable, equilibrado y flexibles.

 

No es fácil salir de todo esto de un día para otro, pero como explico en mi nuevo libro “Cómo aplicar el método del plato” se puede. Pero poco a poco, planificando ciertos hábitos y rutinas con ayuda de recursos y herramientas  que podrás encontrar en mi libro.

Con pequeños cambios en el día a día puedes conseguir resultados extraordinarios en el futuro.

En este articulo que he participado con CONSALUD te hablo más sobre este tema.

La salud implica tener una mirada más integral y global. Si somos conscientes que a traves de la alimentación podemos cuidarnos desde un aspecto físico, emocional y social, podemos mejorar nuestras sensaciones de bienestar diarias y también puede ser una herramienta de prevención para desarrollar enfermedades podrá resultar más fácil darle un espacio, poco a poco, en nuestro día a día a la alimentación. Espacio para planificar aquellos aspectos que giran en torno a ella, para personalizarla e integrarla como un hábito individual de autocuidado. No desde la exigencia, obligación e imposición.